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La habitación, desde donde se dominan el patio y las cuadras, parece sin embargo sorprendentemente limpia y cómoda. Duermes bien pero al amanecer te despierta súbitamente el sonido de una campanilla de estaño. La esposa de Guyuk da vueltas por el patio, agitando con todas sus fuerzas la campanilla.
-¡Amanece, amanece! ¡Todos arriba, arriba! -grita con voz sólo ligeramente menos penetrante que la campanilla.
Te lavas y te vistes con premura antes de recoger tu equipo y de dirigirte a las cuadras. Banedon está ya allí porque se ha levantado antes del alba para disponer los caballos.
No hay nubes en el cielo y la atmósfera es tibia y serena cuando salís de Chadi. Una inmensa pradera se extiende ante ti, interrumpida de vez en cuando por las casitas encaladas de los campesinos. Ya es mediodía cuando llegáis ante un grupo de piedras enhiestas que jalonan la carretera al entrar en la aldea de Phea. Banedon recuerda una leyenda local: en una ocasión el Zakhan Negro de Vassagonia decidió hacer la guerra a los indefensos habitantes de Phea, quienes carecían de ejército. Los asediados dirigieron sus súplicas a la diosa Ishir quien, harto conmovida por su suerte, petrificó a los malvados vassagonianos allí en donde se hallaban, revestidos de sus armaduras y blandiendo sus armas. Piensas que los pheanos pueden tener muy pronto motivo para suplicar por segunda vez la ayuda de Ishir.
Un kilómetro más allá de la aldea distingues una nube de polvo en la carretera.
Si posees la Disciplina del Magnakai del Arte de Cazar y has alcanzado el rango de Principal, pasa al 69.
Si no posees esa Disciplina o no has alcanzado ese grado del Kai, pasa al 240.
