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A última hora de la tarde llegáis a Stia, un poblado formado por un grupo de casas y una ruinosa cabaña junto a la Gran Ruta del Norte. Al acercaros a la diminuta cabaña de techo de paja, la puerta del establo se abre y un viejo sale del oscuro interior. Lleva una extraña y antigua armadura y diversas insignias que meten un ruido metálico como un carro cargado de chatarra. El viejo os detiene.
-¡Alto, extranjeros! -ordena con voz que parece un graznido, muy convencido de su importancia-. No deis un paso más hasta que hayáis pagado el peaje.- Os paráis y os quedáis mirando extrañados al ridículo personaje.
-¿Con qué autoridad pretendes cobrar un peaje en el camino real? -pregunta Paido irritado por la detención.
-Con la autoridad de la Reina -responde el viejo indignado, señalando con un dedo ganchudo un cartel que cuelga de la pared de su cabaña.
En el cartel aparece casi borrado el sello de la Reina Evaine y un letrero que apenas se lee.
-Nos dirigimos a Tharro por un asunto de la propia Reina -dices, mostrando el Pase que te dio Lord Adamas-. Échate a un lado y déjanos pasar.
El viejo te quita el Pase de las manos y lo examina, aunque es obvio que está tan corto de vista que no puede leerlo.
-¡Bah! -gruñe devolviéndote el Pase-. Es una falsificación. No me engañáis con ese trozo de pergamino sin valor.
-Y a nosotros no va a detenernos un viejo loco cuya inteligencia está tan oxidada como su armadura -replica Paido enfadado.
Sus palabras resuenan en la calle y, atraídos por ellas, unos cuantos aldeanos armados con utensilios de labranza se acercan a ver lo que ocurre. Se colocan en fila detrás del viejo, dispuestos a apoyarle.
-¿En qué consiste el peaje? -preguntas.
-Cualquier objeto vuestro que nos guste, eso es todo. Nos lo entregáis y podéis continuar vuestro camino -responde el viejo muy poseído de su papel-. Y que nadie diga que carecemos de inteligencia -añade mirando a Paido-. Los Stianos nos enorgullecemos de jugar limpio y somos muy aficionados a las adivinanzas. Os propongo algo que nos satisfaga a todos. Si acertáis una adivinanza podréis atravesar el poblado sin pagar peaje. Si no respondéis o la respuesta es equivocada, pagaréis el peaje sin discusión. ¿De acuerdo?
Si aceptáis la propuesta del viejo, pasa al 112.
Si no la aceptáis, pasa al 149.

