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El pasadizo conduce a un enorme complejo de celdas que albergan a los esclavos de Kazan-Oud, un grupo miserable de seres de piel oscura, ojos afligidos y espaldas encorvadas por años de duro trabajo. Los prisioneros oprimen sus tristes caras contra las diminutas ventanas enrejadas de sus celdas, llevados de la curiosidad de ver al guerrero blanco que camina erguido entre ellas.
Silban a tu paso hasta que en todo el complejo retumban sus silbidos de desprecio. Al final del bloque hay una celda que parece una jaula, negando a su prisionero el mínimo grado de intimidad concedido a los demás. A través de los barrotes ves a un hombre de piel oscura que duerme sobre el suelo cubierto de paja. Su pelo rubio y su túnica roja y dorada están manchados de sangre y mugre. La llave de esa celda cuelga de una clavija en la pared inmediata.
Si quieres tomar esa llave y liberar al prisionero, pasa al 113.
Si prefieres dejarle y seguir adelante, pasa al 142.
