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Te ves obligado a abrirte camino a brazo partido a través de la horda de criaturas que se amontonan en los escalones que conducen al malecón. Del mismo suelo surgen arrastrándose criaturas: por doquier ves manos enlodadas y ennegrecidas que asoman por las grietas de la superficie del paredón rocoso tratando de escapar de Kazan-Oud.
Cerca de la base de los escalones, un grupo de repugnantes esclavos tiran de ti hacia abajo. Pagan caro su error, pero antes han logrado arrancarte la mochila de los hombros (tacha en tu Carta de Acción la mochila y todo lo que contiene).
Cuando llegas al malecón, estás cubierto de arriba abajo de la sangre de tus enemigos. Tienes un aspecto tan aterrador que nadie te ofrece resistencia y las criaturas se arrojan al lago antes que enfrentarse al temible guerrero de erguidas espaldas y piel blanca que ha matado a sus congéneres. Debajo de los escalones del malecón descubres un arco, tapiado por un lado y con una puerta de piedra cubierta de algas en el otro. Dentro encuentras una pequeña barca de mimbre y un remo.
Echas la barca al agua, te montas en ella y remas frenéticamente hacia el lejano resplandor del escudo de energía. Has superado los horrores de Kazan-Oud y el grito ensordecedor de la agonizante fortaleza resuena en tus oídos.
