El Desierto de las Sombras

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La espada de oro se agita en tu mano y una vibración de pura energía recorre su afilada hoja. Asestas con ella un tremendo golpe al vordak, partiéndole en dos la cabeza hasta los dientes. El vordak lanza un espantoso alarido de maldad, dolor, temor y muerte sobrenaturales. Al derrumbarse, su cuerpo esquelético se disuelve en un humeante fluido verde que marchita las plantas del suelo sobre las que se derrama.

Los Drakkarim vacilan al reflejarse la dorada luz de la Espada del Sol en sus negras y relucientes máscaras de muerte. Aprovechas la oportunidad y arremetes contra ellos tirando tajos a diestra y siniestra. Un drakkar levanta su escudo pero tu hoja atraviesa limpiamente la madera recubierta de hierro, cortando por el hombro el brazo del guerrero. Girando sobre tus talones, paras el ataque de otro drakkar y rajas con tu espada su negra armadura como si fuera de pergamino. El drakkar grita agonizante y tú te adentras entre el denso follaje antes de que su cuerpo caiga sin vida sobre el blando suelo.

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